Por Juan Pablo Castillo Barbosa
La
evolución del ser humano hizo que las necesidades básicas de alimento,
sexualidad y protección ya no fueran suficientes para el raciocinio de un ser pensante.
El complejo sistema mental de los hombres los hizo razonar sobre su vulnerabilidad
en el universo e intentar solucionar ello bajo cualquier medio.
La
unión de las primeras hordas de cacería, la construcción de las primeras
aldeas, los primeros vestigios de pueblos africanos; todo se transformó en un medio
que tenía el ser humano para sentirse menos vulnerable ante la enormidad del
universo que tenía en frente. Asimismo, las primeras culturas y polis, que
dieron la posibilidad de englobar ideas de seres supremos y la majestuosidad del
hombre como ser único del existir.
Así
se forjó históricamente el sentimiento de gigantomanía del ser humano, que se demuestra
–principalmente- en las construcciones de diversas culturas antiguas; las
pirámides mayas y egipcias, las construcciones aztecas, los palacios chinos o
los castillos medievales.
Siglos
después, la irrupción de energías como el petróleo y el vapor de agua le dieron
al hombre un nuevo horizonte de crecimiento, lo que lo ayudaría a llegar a
lugares nunca antes pensados y lograr construcciones o armas que alentaban su
espíritu de gigantomanía. La revolución industrial y el hambre de crecimiento
económico y de poder, hicieron que el hombre olvidara la sustentabilidad del
planeta –cosa que tenían muy claras las culturas antiguas- y comenzara con una
carrera de gasto energético sin precedentes.
La
tala indiscriminada de árboles, la polución exacerbada de gases tóxicos y la
contaminación de ríos, lagos y océanos, son la marca registrada de los siglos XVIII, XIX y
XX, deteriorando gravemente el medioambiente y la biodiversidad en el planeta.
Mirado
desde un punto de vista sociológico, la lógica diría que el siguiente paso
evolutivo sería el de aprender de los errores y poder buscar alternativas a un
crecimiento social sin la evidente destrucción del medioambiente. Lamentablemente,
muchos aún no lo entienden así.
La
inminente expansión del sistema capitalista de libre mercado por el mundo, tras
la caída de la Unión Soviética, le entregó la última y más insaciable muestra
de gigantomanía al ser humano. El crecimiento financiero podría superar cualquier
frontera y ya no tendría límites como la posesión de tierras o el poder político;
las arcas económicas que ofrecía este nuevo nicho no tenía límites y alimentaba
la sed de grandeza que buscaba el hombre del siglo XX.
Así
comenzó una nueva revolución. Esta vez ya no era industrial; ya no se luchaba
por nuevas creaciones o nuevos horizontes; ahora se luchaba por acrecentar el
espectro financiero personal, para obtener el poder que ello involucraba en
este nuevo sistema. Asimismo, tal como ya no había límites de crecimiento
financiero, ya no había límites en los medios que se utilizaban para obtenerlo;
el único afectado: el medioambiente.
En
los últimos años el Viejo Continente –o al menos parte de él- ha sabido cómo
enmendar el error y ha firmado un sinfín de acuerdos internacionales para el
cuidado del medioambiente, luego de darse cuenta que en las últimas décadas su
explotación tiene pocas expectativas de revertirse.
Nuestra
tarea –por lógica- como países Latinoamericanos, es enmendar los errores del
pasado y no caer en los mismos que cayeron nuestros vecinos europeos, asiáticos
y norteamericanos, puesto que el “desarrollo” como concepto actual tiene una
visión muy distinta a décadas atrás, por lo que una falta de sustentabilidad es
imposible para lograrlo en plenitud.
Se esperará entonces que la gigantomanía humana logre enfocar su espíritu de grandeza en la solución de los inmensos problemas que nosotros mismos hemos ocasionado; lo que -en definitiva- será la mayor expresión de grandeza de nuestra especie.
* En las siguientes entradas se discutirá la tarea de Chile y Latinoamérica en la sustentabilidad ambiental del planeta y las metas que se deben cumplir individualmente, como también sobre el contexto histórico y sistemático que rodean este importantísimo concepto.


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